jueves, 21 de junio de 2012

Por un mundo mejor




Detrás de los fraudes, las estafas, la insolidaridad, los injustos; detrás de la avaricia, la perversión, la intolerancia, la ingratitud... hay un mundo mejor, lleno de buena gente, de gente buena y honesta que se preocupa y ocupa de los demás. Gentes que nos reconcilian con el ser humano y nos hacen seguir creyendo en la bondad, la honradez, la amistad, la solidaridad, la generosidad.... Quizás no hacen tanto ruido como los otros, pero están (estamos, perdón la inmodestia) ahí y son (somos) muchos y entre todos algún día conseguiremos hacer de este mundo, UN MUNDO MEJOR.


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domingo, 10 de junio de 2012

Raíces


 


No pensamos en las raíces cuando somos jóvenes. Es hacia la cuarentena cuando ellas se acuerdande nosotros. Cuando no se puede contar ya con el impulso y la fogosidad de la juventud, cuando la energía empieza a faltar y la belleza se borra imperceptiblemente, cuando echamos cuentas de lo que hemos hecho y de lo que hemos dejado pasar, entonces nos volvemos hacia las raíces y tomamos de ellas, inconscientemente, nuevas fuerzas. No lo sabemos, pero nos sostenemos en pie gracias a ellas.

Poco a poco se van infiltrando bajo nuestros pies, al principio son pequeñitas, ligeras, tiernas, pero muy porosas, absorben todos los nutrientes: cada detalle, cada gesto, cada nueva enseñanza, todas las caricias y los abrazos; las pequeñas frustraciones también las nutren, los sies , lo noes...
El esfuerzo diario, la alegría, la tristeza, la lucha, la duda, los aciertos, los errores, los amores, los desamores, los afectos, las emociones, la autoestima, la empatía, las metas conseguidas, los sueños malogrados... son raices que profundizan, que nos ayudan a conformar lo que somos. De ellas obtenemos el sostén, la fuerza, la energía para seguir adelante.  

Fragmento de " Los ojos amarillos de los cocodrilos"  Katherine Pancol

domingo, 13 de mayo de 2012

El fracaso no existe


Puede que te sorprenda oír esto, pero el fracaso no existe. El fracaso es simplemente la opinión que alguien tiene sobre cómo se deberían hacer ciertas cosas.
Wayne Dyer


 Los niños no entienden de fracasos, hasta que no se lo oyen a los mayores. Ellos solo entienden que sus dibujos, sus construcciones, los muñecos que han hecho con plastilina o el montón de arena ha quedado a su gusto o no les ha gustado y vuelven a empezar o lo olvidan y no pasa nada.
Conforme van haciendose mayores la palabra fracaso (no cumple las espectativas que sobre ellos tienen los adultos) se abre camino en sus vidas, hasta que se interioriza.

Y cuando uno cree no estar a la altura de aquello que se espera de el/ella, el fracaso irrumpe para cuestionarlo todo, para cuestionarse a si mismo y cesan los intentos de hacer cosas nuevas por  el miedo a equivocarse, por el miedo a no dar la talla. Un lastre demasiado pesado que limita todas nuestras actuaciones futuras.

El fracaso no existe cuando uno confia en sus posibilidades; asume que puede equivocarse, porque errar es algo innato a la condición humana; acepta que las cosas no tienen por qué conseguirse de forma inmediata; conoce y acepta sus limitaciones.

El éxito es importante, pero no es sinónimo de valía.

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viernes, 17 de febrero de 2012

Esa vida que nos pertenece




"La única manera de vivir a plenitud es asumir lo que somos, independientemente de lo que los demás quieran que seamos."

Del libro "Ella que todo lo tuvo" Ángela Becerra

Como si viviéramos en un perpetuo carnaval, nos vestimos de espos@s , madres o padres, compañeros, vecinos, médicos o vendedores,... Hacemos aquello que se espera de nosotros en cada momento, quizás por miedo a la crítica, al rechazo o a quebrar las expectativas que los demás tienen sobre nosotros. Tal vez ni siquiera queremos plantearnos cómo somos en realidad, cual es nuestra auténtica personalidad y nos acomodamos a un papel social, aunque no se ajuste del todo a nosotros, aunque nos roce y nos haga daño.

¿Cómo puede  una persona sentirse cómoda  viviendo una vida que no le pertenece del todo, viviendo la vida que los demás pretenden que vivas?

Somos los únicos dueños y responsables de nuestra vida; sería una lástima llegar al final del camino y descubrir que hemos vivido dentro de un disfraz que no era de nuestra talla.






sábado, 11 de febrero de 2012

Amar






El amor es como la arena entre las manos, si la amontonas, oprimes y acaparas de un modo avaricioso se desvirtúa y pierde su forma.
Si la acunas, libre, sin agobios mantendrá la forma y sumará el calor del contacto.

Carmen 


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sábado, 4 de febrero de 2012

Empiezo a saber lo que quiero



Hay ocasiones en que nos sentimos totalmente reconocidos en el escrito de otra persona,  como si hubiese verbalizado por nosotros aquello que sentimos y pensamos. Eso es lo que me ha ocurrido con este texto de Ángeles Caso y sé que no soy la única a la que le ha sucedido, pues tengo constancia de que circula por muchos foros y blog.

Me llega justo en el momento en que creo haber vivido el suficiente número de horas buenas y otro tanto de malas o lo que es lo mismo, cuando he llegado a la madurez, circunstancia que me da derecho a una entrada de palco desde donde poder observar la vida desde cierta altura y saber lo que quiero y lo que no, lo que me gusta y lo que me disgusta de este mundo en el que vivo, los que quiero a mi lado y de los que me alejo... Tal vez también tu te reconozcas.

Lo que quiero ahora

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

 http://www.lavanguardia.com/magazine/20120119/54245109494/lo-que-quiero-ahora-angeles-caso.html .

sábado, 10 de diciembre de 2011

En busca de una oportunidad





La gente siempre culpa a sus circunstancias por ser las que son. Las personas que progresan en este mundo son aquellas que buscan las circunstancias que quieren y, si no son capaces de encontrarlas, las crean.
 G. B. Shaw

Estamos en un panorama muy propenso a la queja, a señalar con el dedo a los artífices de nuestras calamidades, a la desesperanza, a ver el vaso medio vacío... y probablemente lo hagamos desde la rabia o desde la apatía, ambas igual de inútiles .

Es cierto que la burbuja de un mundo feliz se ha pinchado y que tal vez nos ha cogido por sorpresa, pero añadir pensamientos negativos a nuestro día a día no contribuye sino a hundirnos un poco más en la tristeza, en el desinterés o, peor aún, en el pasotismo.

No, no es fácil ser optimista; básicamente porque requiere esfuerzo y nadar a contracorriente en un mundo falto de entusiasmo es muy, pero que muy cansado. Pero ¿y si nos atreviésemos a cambiar nuestras circunstancias? Ahí fuera hay un mundo lleno de oportunidades, solo hace falta un poco de coraje y ganas


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martes, 1 de noviembre de 2011

Cuando la realidad supera a la ficción



"Una de las cosas terribles de la televisión es que si una persona muere en ella, no habrá sido en vano; habrá sido entretenimiento". Kurt Vonnegut


Terrible ¿verdad?
Por mucho estupor que nos pueda causar la frase, lo cierto y lamentable, es que tiene toda la razón.
La televisión no nos priva, es más nos repite a veces hasta la saciedad, imagenes como la de la pobre niña china atropellada por una furgoneta e ignorada por más de diecinueve personas que pasaron por su lado sin socorrerla. Es difícil que no la hayamos visto. Nos escandaliza, seguro, pero seguimos viendo las imagenes, probablemente mientras comemos o cenamos y pasamos a la siguiente noticia, y si se tercia reírnos, nos reímos. Hemos hecho- o nos han habituado a hacer- de todo un espectáculo; me atrevería a decir que ya estamos curados de todo espanto.

Hace pocas semanas emitieron en televisión una película que me impactó y me hizo reflexionar sobre el género humano:."Sin rastro", donde se emitían crueles y sanguinarios asesinatos a través de la red y mientras más personas visitasen la página más rápido moría la víctima. ¿Qué pensáis que sucedía?
 Las personas no podían resistirse a acceder a la página, las visitas crecían exponencialmente en los siguientes asesinatos.
¿Tendrian conciencia de que eran ellos los ejecutores o el hecho de presenciarlo desde sus casas y confortables sillones les anulaba la conciencia y el sentimiento de culpa?

Estaría bien saber dónde han quedado los valores éticos y morales en los nuevos tiempos.


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jueves, 29 de septiembre de 2011

El vuelo de la vida



Sueña con metas altas y volarás como las águilas. Eso debes hacer; alcanzar las cumbres de la vida. Busca al que sea sabio y aprende con él. Usa bien la ambición sin por ello dañar a nadie. No hagas que tengan que recriminarte en tu trabajo, hazlo siempre bien. E intenta ganar cuando te hagan competir. No te dejes avasallar por nadie y aunque hayas nacido en un lugar humilde, no te consideres por ello indigno. Si luchas con tu esfuerzo, conseguirás todo lo que te propongas.

Del libro: "El sanador de caballos" Gonzalo Giner


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sábado, 24 de septiembre de 2011

Cuestión de edad


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"Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años". Mark Twain

Hay una edad en la que cuestionamos todo lo que hacen nuestros padres; nos parecen desfasados y sentimos que no nos comprenden .
Hay una edad en la que nuestros hijos cuestionan  lo que hacemos y decimos;  y aunque a nosotros nos parezca que siguen necesitando de nuestro consejo y orientación,  ellos nos sienten tan carrozas como sentimos en su día a nuestros padres  y estan convencidos de  que somos incapaces de entenderlos.

Hay una edad en la que empezamos a entender a nuestros padres y averiguamos el por qué de lo que hacían o dejaban de hacer y hasta hacemos nuestros muchos de esos  razonamientos que nos parecían tan alejados de nuestra realidad .
Con el tiempo observamos, a veces un tanto perplejos, como crece esa comprensión y como nos acercamos "peligrosamente". Menos mal, que en otras aún seguimos sintiendo ese desfase  ¿señal de que aún no somos tan viejos? 
Hay una edad en la que , con cierta satisfacción del "ya te lo dije" (pero sin decirlo ¿eh?), observamos como nuestros hijos empiezan a descubrir que aquellos consejos que les dimos, aquellas palabras que pretendíamos les hicieran pensar, todo aquello que les negamos... tenían como único motivo hacerles gente madura y responsable de sus actos y decisiones... y que , aunque quizás no eramos los mejores padres, al menos los de sus amig@s no eran mejores que nosotros.


Para todo hay una edad.




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