jueves, 16 de septiembre de 2010

No seré complice


Se peinó hacia atrás, con el cabello recogido en una cola de caballo bien tirante, antes de vestirse con esfuerzo, intentando no moverse demasiado para evitar el dolor en las costillas. Él solía poner mucho cuidado en golpearla sólo en aquellos lugares de su cuerpo donde las señales quedasen ocultas por la ropa, pero eso era antes. Los últimos seis meses había dejado de ser tan cauto y la había agredido en la cara varias veces.
Pese a todo, lo peor no eran los golpes. Era tener que vivir siempre a la sombra de los azotes, vivir a la espera de la próxima vez, el próximo puñetazo. Su crueldad era terrible, pues él era bien consciente de su miedo y jugaba con él. Alzaba la mano para asestarle un golpe, pero luego la dejaba caer despacio convirtiendo el gesto en una caricia acompañada de una sonrisa. A veces le pegaba sin motivo aparente. Así sin más. Aunque por lo general, no necesitaba ningún motivo, sino que, en medio de una discusión sobre lo que iban a comprar para la cena o sobre qué programa de televisión iban a ver, el puño de Lucas salía disparado contra su estómago, su cabeza, su espalda, o cualquier otro lugar que se le antojase. Después, sin perder el hilo ni por un instante, seguía con la conversación como si nada hubiese sucedido, mientras ella yacía en el suelo hipando para recuperar la respiración. Era el poder lo que le causaba satisfacción.

Fragmento de "La princesa de hielo" de Camilla Läckberg
Día a día los informativos nos dan constancia de un incesante goteo de muertes.
Día a día muchas mujeres, y algunos hombres, malviven bajo el yugo del terror que les imponen aquellos a los que una vez amaron.

Observo como poco a poco nos vamos acostumbrando a este lamentable hecho, como la indiferencia se apodera de nuestra sociedad y como la indignación decrece.
Será que tenemos tantos problemas en los que pensar, que este nos parece un mal menor; tal vez es porque no se trata de nuestras madres, de nuestras hermanas o nuestras hijas... tal vez sea eso

8 comentarios:

anjali dijo...

O es que se nos bombardea con tantas noticias catastróficas: niños que mueren de hambre, guerras, desastres naturales que arrasan ciudades, destrucción masiva de la naturaleza y los animales que nos rodean y un largo etc...; que al final hemos asimilado que cada cual campa por donde puede y que las desgracias ajenas son algo natural.
Cuando nos toca sufrirlas en carne propia, nos resignamos a sufrirlas haciendoles frente lo mejor que podemos; y cuando son en carne ajena, damos gracias de que no nos haya tocado.

Con eso no quiero decir que apruebe dicho comportamiento, ni que me parezca correcto; sino que percibo que al final la mayoría sigue esa táctica.
Besitos Carmen.

Tita dijo...

Es tan grave, y un problema tan profundo, y tan sórdido, y tan humillante a largo plazo, en forma de humillaciones psicológicas acompañados de desprecios etc(no siempre las agresiones son tan "claras") que me da mucha pena, y sobre todo impotencia por ellas.

Es tan difícil para ellas dejarles y empezar una nueva vida ¡ay!
Besos

pluvisca dijo...

Pues tal vez Carmen, tal vez sea eso, o simplemente que los humanos somos tan egoistas, que si no nos toca muy muy de cerca, miramos a otro lado...

Somos afortunadas mi niña, el fragmento que has puesto me puso los pelos de punta.

un abrazo grande

Flautista de Neón dijo...

Yo, amiga Carmen, afortunadamente no tengo cerca de mí casos de maltrato físico. Pero te aseguro que la sangre me hierve cada vez que veo en las noticias algún nuevo caso.

Más de una vez me gustaría que a esos maltratadores les ridiculizaran públicamente para que sintiesen por una vez en su vida LA VERGÜENZA, por tal vil costumbre. Y luego, condena ejemplar.

Para mí, un maltratador, sea hombre o mujer, sea físico o psíquico, es un hijo de la gran p.

Un abrazo, Carmen, con la certeza que aún quedamos muchos a los que estas noticias nos toca la fibra sensible.

Carmen dijo...

Anjali,

Siempre he pensado que la estrategia de la avestruz, de esconder la cabeza ante el peligro, no es buena, porque aunque no vea al enemigo, el enemigo si la ve a ella.

Hasta que TODA la sociedad no nos concienciemos del peligro, este no desaparecerá.
No debemos mirar para otra parte, por mucho que nos bombardeen.

Un beso.

Carmen dijo...

Tita,

Hay muchas mujeres y hombres que poco a poco van tomando conciencia de lo que les sucede y de que hay gente dispuesta a ayudarles. Hay que seguir ayudando a los que aún no son conscientes y hay que incrementar el apoyo y las ayudas.

No, no es fácil. Es muy difícil, pero hay que seguir denunciando y levantando la voz.

Un beso

Carmen dijo...

Flautista,

Sucede que a veces los vecinos oyen y callan, porque piensan que no va con ellos. Los amigos callan, porque piensan que son problemas de pareja... A ellos también hay que concienciarles de que es un problema de todos y por supuesto, exponerlos publicamente.

También sucede que hay gentes, malas gentes, que denuncian maltratos cuando no los hay, por cuestiones de divorcios y separaciones. A ell@s también hay que denunciarles, porque hacen muchisimo mal.

Buffffff a mi también me hierve la sangre y más cuando creo que nos estamos acostumbrando a verlo como "algo inevitable"

Un beso

Carmen dijo...

Pluvisca,

Perdona por haberte saltado.

Si, no podemos negar que somos egoistas y que solo cuando nos pisan nuestro pie protestamos.

Me horroriza ese goteo incesante que escucho cada día en los informativos y la cuenta sigue sumando. Escalofriante.

Un beso