lunes, 22 de agosto de 2011

De nuevo, padres




Hay una etapa en la vida en la que, después de haber educado a tus hijos, vuelves a convertirte en padre/madre de tus propios padres, sobre todo cuando su autonomía y/o sus facultades mentales se ven mermadas.
Una etapa en la que  de nuevo vuelves a enfrentarte con la demanda total de atención, con sus miedos y temores, con problemas de celos y hasta rebeldías; también con la sensación de culpa por no poder disponer de todo el tiempo necesario para atenderles, para estar con ellos, para escucharles... y tal vez, con el enojo de no ver esa tarea equitativamente repartida entre todos los hijos.

No es tarea nada fácil.

Se educa a los hijos para la vida, dotándoles de las herramientas necesarias para que sepan desenvolverse en ella con  autonomía, responsabilidad, tolerancia, respeto. A los padres no hay que educarles, ellos ya vienen con su propio bagaje y experiencia de vida , aunque al igual que nuestros hijos demanden de nosotros
protección, seguridad y afecto.

De nuevo has de tomar decisiones ajenas, aunque cueste a ambas partes, porque por lo general ellos quieren mantener su autonomía, a pesar de que en muchas ocasiones no son conscientes de sus limitaciones y  necesidades, y se resisten a que la última palabra sea la nuestra. Lo que nos ocasiona no poco desgaste emocional.

Suele recomendarse la atención especializada cuando no se dispone del tiempo y/o la preparación necesaria para atenderles, pero no siempre esa es la solución, porque en muchos casos esa atención es económicamente prohibitiva  y en otros muchos, son los ancianos los que se niegan a ella, sobre todo porque les falta información adecuada sobre este tipo de instituciones y tienen "su idea"

La paciencia, el equilibrio psicológico y sobre todo, mucho amor son imprescindibles en este nuevo rol que nos toca (o tocará) asumir. Algún día el testigo pasará a nuestros propios hijos.


9 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

Vivo entregado a mi padre, enfermo de párkinson, yo estoy jubilado por enfermedad, creo que hago lo que debo; es un trabajo agotador; pero eso no es lo malo, lo malo es que la sociedad, la más cercana a ti, te excluye, te aparta; será que temen que les pidas que te echen una mano. 24 horas al día al pie del cañón, siete días a la semana, sin vacaciones.

Carmen dijo...

Tienes razón, Juan Ignacio, es una tarea que desgasta mucho física y emocionalmente y muy poco reconocida por quienes la desconocen.
A veces la sociedad y las instituciones son un muro con el que se choca a diario. Creo que ha de anteponerse el amor y la atención que nuestros padres precisan, sin dejar de buscar la involucración de las instituciones. No deben dejarlos en el desamparo, ni a ellos, ni a quienes como tu necesitan un descanso en tan dura tarea.

Trata de buscar un tiempo diario solo para ti. Ánimo.

pluvisca dijo...

Es un tema por el que he pasado, por desgracia ya murieron mis padres, pero sólo puedo decir que el amor hace que no dejemos de estar con ellos hasta el final.

Carmen, nos tenias preocupadas, me alegra leerte

Un abrazo grande

Tita dijo...

Que bien explicado, Carmen, con tanto equilibrio como te caracteriza, con gran empatia como siempre toda tu, y con el amor de colchon al fondo, como en todo lo tuyo.

¡Cuanto se te echaba de menos!

Abrazos apretaitos apretaitos

Maite dijo...

Me encantó tu blog!!!....seré tu seguidora.....tus publicaciones y el modo de comentarlas, la música......me encantará leer tus palabras.......y si puedo las comentaré.
Entre por tu blog de cocina....pero seré seguidora de este blog, espero que no te incomode.
Besitos.

Carmen dijo...

Hola Pluvisca, siento haberos preocupado, pero ya sabes que siempre vuelvo, como el turrón :D

El sentido de la responsabilidad, la necesidad de actuar en conciencia, las obligaciones, etc nos empujan a acometer la tarea.
El amor es el condimento indispensable para seguir hasta el final.

Seguro que fuiste una hija excelente.

Muchos besos

Carmen dijo...

Lo has conseguido, chiquilla. Me has puesto colorada.

Me ves con buenos ojos, aunque a veces también la paciencia y la tolerancia flaqueen.

Un beso fuerte, Tita

Carmen dijo...

¡Cómo me va a incomodar, Maite! Encantada de que desees compartir y opinar. Me encanta el diálogo.

Un beso

Pamela dijo...

Es muy importante lo que nos dices, y ¡qué
bien lo dices!. Esta etapa es una para la que
nadie nos prepara, nadie nos dice nada, hasta que debemos enfrentarla. Hay muchos hijos que se niegan a asumirla y por supuesto que también hay padres que no lo aceptan , la vejez es como dice J. Ignacio, algo a lo que todos parecen tenerle temor y de lo que se trata de escapar