domingo, 22 de marzo de 2009

Educar en valores


La imparable violencia machista, los desencuentros entre padres e hijos y entre estos y sus profesores, la violencia en ciertos sectores juveniles, adolescentes descontrolados durante fines de semana llenos de drogas y alcohol, el creciente fracaso escolar y la desmotivación de chicos y chicas... son manifestaciones de una problemática que tiene muchas y complejas causas, una de las cuales podría ser la quiebra de algunos valores universales despreciados por su aroma a viejo o poco moderno.

Más de un psicólogo y psicopedagógo comienza a reivindicarlos, aun a costa de cargar con una imágen negativa de reaccionario o contrario a la moda.

Parte de nuestra sociedad parece solicitar que rescatemos esos valores "de siempre" que promueven la vida en sociedad y dotan de un sentido humano, cívico (¡qué palabra tan aparentemente arcaica y sin embargo tan plena de significado hoy mismo!) y solidario a nuestras vidas.


En las últimas décadas han primado, quizá como reacción a anteriores planteamientos más coercitivos que dialogantes, unas posturas pedagógicas más permisivas y abiertas, basadas en el dejar hacer y en el principio de no coacción a la espontaneidad de la persona. Esto se ha percibido especialmente en las relaciones entre padres e hijos y entre estos y sus profesores.

La sensación que prima en algunos padres y educadores es que la experiencia aperturista no ha sido del todo positiva. A los adolescentes les cuesta reconocer la autoridad moral de padres y educadores y los problemas de convivencia afloran en muchas familias. Y son demasiados los jóvenes (y mayores, por supuesto) que se comportan ignorando los más elementales principios de solidaridad y de respeto a los demás.

De un seco y frío autoritarismo, poco proclive a las explicaciones y menos aún a escuchar al niño o joven, hemos pasado a una permisividad del "todo vale" y se estima que quizá tardemos toda una generación en recuperar la autoridad dialogante, una autoridad que fija y marca límites justos, razonables y negociables, necesarios para el aprendizaje de la libertad personal y la convivencia social.

No se trata de culpabilizar a la sociedad ni de autoculpabilizarnos, si no de que cada uno, como parte implicada, asumamos la cuota de responsabilidad que nos corresponde en la educación en esos valores. Pero sólo en la medida en que vivamos los valores que queremos trasmitir conseguiremos el objetivo. Porque educar es, fundamentalmente, comunicar a través del ejemplo, trasmitir actitudes y comportamientos.

3 comentarios:

pluvisca dijo...

Buffff, menudo video, me he emocionado. Es auténtico, por desgracia hay mucha gente asi.

Lo que mas me duele es ver tanta gente desocnfiando de casi todo, una pena.

Gracias de nuevo por tus escritos.

Un abrazo

Tita dijo...

Creo que ya conoces mi opinión, la educación y el respeto ha de empezar en casa, y los niños han de ir al cole ya con la lección sabida de que "en mi ausencia respetas y manda el profesor" no sé como decirte...

Cuando los mismos padres no imponen límites, y no dejan de exigir al profesor como si simplemente estuviera a nuestro servicio, y no como una extensión de nuestra autoridad...vamos mal.

Yo no me recuerdo traumada porque mi padre me prohibiera correr o jugar en determinados sitios. Y sin embargo a veces no puedo evitar sentirme ahora demasiado autoritaria cuando veo que otros padres dejan correr, gritar, y tirarse al suelo a sus hijos en lugares públicos, bajo la premisa ¡¡dejalá, es pequeña!!

Es un ejemplo menudo de lo que se les empieza a consentir desde pequeños, y que luego, multiplicado por mil ejemplos menudos más, no nos permitirán "hacernos con ellos". Hay gran diferencia entre estos tres supuestos:

-Te quedas quieto aquí porque lo mando yo y punto.
-Te quedas quieto porque aquí, y en determinados sitios no puedes dar guerra, y ahora nos vamos a un sitio donde podrás correr y revolcarte.
-Silencio absoluto. Son niños, que hagan lo que le pida el cuerpo

¿hasta cuando?

Carmen dijo...

Pluvisca,

Por el video, parece que el tema de los valores suena a algo añejo y rancio , sin embargo su "casi" ausencia, hace que nos fijemos en ellos y les estemos empezando a dar reconocimiento.
Todavia nos falta mucho que aprender sobre educación y mucho ejemplo que dar.

Tita,

Conozco tu punto de vista y pienso que estas educando muy bien a tu niña.

¿ Por qué hemos de sentir culpabilidad y justificarnos ante los demás cuando estamos educando en valores? He visto a demasiados "modernos" desesperarse cuando son incapaces de que sus hijos adolescentes les respeten .
Los límites son necesarios desde que son muy pequeños y empiezan a comprender , pero como digo razonables, negociables y justos.
No se trata de imponer, si no de educar.

Un beso, guapas.